I

Iba a caminar por el centro, pero decidí venir acá. Ya hace tiempo que no venia -por lo menos sola- y mis últimas visitas fueron un tanto perturbadoras. Estoy sentada en la tumba de siempre, la que está abierta. Es una tumba familiar. A veces le escribo cartas a unas de las enterradas, Paula... ya sé: re loca. Vuelvo para ver si escribo algo decente, como solía hacerlo. Se escuchan los autos pasar por la rambla, los pájaros ya no cantan como antes... pero supongo que también es algo que crea mi mente... después de aquel día. Acá cerca hay una Santa Rita. Yo tenía una así en El Pinar. La habían plantado mi hermano y mi madre... Claro que ésta es mucho más grande. Me trae mucha nostalgia. Tengo sueño, unas ganas de tirarme y levantarme mañana tempranito... obvio que amanezco re en bolas, así que mejor dejo tranquilas a mis locas pasiones. Se me fue la inspiración... ¡que silencio de pensamientos!

II

23 de abril... Vivona sentada en el coche 23 asiento 23 de COPSA, yendo a El Pinar. Trataba de estudiar pero no puedo más, los nervios me ganan. Es algo sistemático, cada vez que paso el supermercado Geant se me llena el estómago de mariposas y apenas me dejan respirar, je. Mirando por la ventana comparo el paisaje actual con el de antes. Algunas cosas cambiaron, pero otras siguen igual. Me acuerdo que hace cuatro años o más pasaba sentada en la camioneta de mi viejo y veía al tipo que ahora vende palas para horno, que vendía mates. Las mismas leñerías de siempre y ¡ah! pintaron la sucursal Solymar de "Mundocolor". Cada dos paradas sube alguien a vender algo, acaba de bajar un tipo que vendía un polvo quitamanchas, je, y a medida que suben, el número de mariposas va creciendo y parece que se hubieran fumado un porro. Me imagino cómo estará el lugar, la escuela, las calles... me pregunto si me voy a encontrar con algún viejo amigo, si se me caerán lagrimas o no; un millón de incertidumbres.

III

Otra vez acá en el camposanto, sentada en la tumba de mi padre, mirando la tuya, esperando verte entrar. Tiro piedras al ataúd aún vacío, esperando aturdirte a golpes como algún día vos lo hiciste conmigo. Rompo tus fotografías, tratando de desfigurarte el cuerpo... para que ni en la otra vida nadie se te acerque, así como vos me alejaste de los míos alguna vez. Y no intentes hacerme llorar, pues ni mis más puras lágrimas te van a hacer revivir. Tu muerte será profunda y definitiva, tanto como mi amor hacia vos. Escupo tu simbólico cuerpo como vos me escupiste el día en que te pedí que me demostraras tu supuesto amor, y te veo entrar. Vos, hermosa, con el vestido de nuestra boda inexistente... yo, no tan feliz como suponía que estaría. Me arrepiento por miedo a hacerte todo el daño que había planeado. Me siento sobre tu ataúd, tomando así tu lugar y dándote tu boleo de vuelta a tu perfecto mundo.

IV

Ya pasaron unas horas entre pinos y ya me voy... Ahora tengo un millón de respuestas, o tal vez no. Todo está cambiado. Lo que más me impactó fue ir a mi casa, no sabía dónde ubicarla... hay casas que no existían, muros, los árboles desaparecieron. Las paredes de mi no-tan-dulce hogar ya no son blancas, se tornaron a un color grisáceo y aunque esta vacía parece ya no oírse el eco de mis sonrisas y llantos que hasta hace unos meses se oía. Ya no parece ser mi casa, tal vez porque ya no lo es. Pero lo que más me enojó fue que todavía tengan el cartel que hizo mi viejo con la dirección, les importa tan poco que ni siquiera se toman la molestia de hacer uno. No sé. Quisiera volver en el tiempo, apreciar cada uno de los momentos, cada apagón, cumpleaños, siesta y hasta ducha dentro de esas paredes. Las mariposas ya se fueron y vienen las lágrimas. Un millón de incertidumbres, respuestas, decepciones, alegrías... que ya fueron, ya pasaron. Sólo me queda una pregunta: ¿Por qué tantas ganas de volver en el tiempo a una etapa de mierda?

V

Hoy por primera vez tengo miedo de que venga un familiar de los enterrados. ¿Y si me pidiera una explicación de por qué estoy acá sentada? ¿Qué le digo? ¿Que hace un año que vengo, me siento, escribo, charlo con la muerta... que compartí lágrimas y sonrisas? Me va a sacar cagando... y va a pensar que estoy loca... al igual que vos, ahora que conoces la historia (quienquiera que esté leyendo). Me dio frió... se fue el sol... me voy a poner una campera. ¿Que habrá sido del gato, el que cada vez que venía se sentaba al lado mío? Me acuerdo que me dejaba toda la ropa llena de pelos... Ehmmm, capaz que alguien se lo llevó. ¿Ya habrán cerrado? Capaz que cambiaron el horario... espero no quedarme adentro otra vez.

VI

¿Que día es hoy? No me acuerdo. Es muy tarde o muy temprano, depende de cómo se vea. Extiendo mi mano por la cama de sábanas blancas, y ahí estás vos. Me das tu mano que es suave, pero estas circunstancias la hacen más aún. Me duermo. En la madrugada, en los momentos de más lucidez; descubro que estás tocando mi rostro, suavemente, como asegurándote de que estoy allí y que soy yo. Ya lo habías hecho antes, pero descubrirlo esta noche hace que mi corazón lata más rápido. Tengo un millón de perdones que desahogo con mudas lágrimas, me gustaría pedírtelos... pero ya sería desgastador. Perdí dos días de mi vida que vos siempre vas a recordar. Esas 48 horas me las tomaría enteras para igualar lo que tuviste que sentir vos, pero no quiero hacerlo... Aunque sea un poco egoísta, creo que vos pensás igual; eso no sería progresar, tan solo sería volver a decaer. Se escuchan los autos. Las mujeres vestidas de blanco caminan de un lado a otro, y ahí estás, acostada en ese sillón, durmiendo, no sé si placidamente. Lo dudo






     0 comentarios