s un cóctel en el que yo no conozco a nadie y Andy los conoce a todos. Decido que es hora de tomarme un descanso, y me encierro en el baño. Sentada en el inodoro, me relajo en silencio, libre del esfuerzo de parecer entretenida o la desesperación de buscar a Andy para rescatarme del conflicto social que significa quedarse parada sóla en el medio del salón.
Ya hice pipí, y no tengo más nada que hacer en el inodoro, pero de todas maneras me quedo sentada, prolongando lo más posible mi reaparición en la fiesta. Imagino que puedo quedarme en el baño cinco minutos más antes de despertar alguna preocupación en los invitados.
Huelo mi ropa interior. Hay un olor fuerte fruto de un largo beso durante un tema lento. Huelo otra vez, y me pregunto cómo hace Andy para no llevarse mi ropa interior usada consigo al trabajo todas las mañanas. Cuanto más huelo, más ganas siento de chupar a una mujer. Cuanto más huelo, más increíble me resulta que Andy no aproveche cada ocasión que se le presenta para chuparme. Para castigarlo por no saber apreciar mi aroma, pienso en la anfitriona mientras me masturbo en su baño.
Vuelvo a la fiesta y me abro camino hacia el círculo donde Andy habla animadamente. Sé que odia que me ponga tan dependiente de él en las fiestas, pero eso ya no importa, porque ahora soy lesbiana.
Parada en silencio junto a Andy, juego conmigo misma -juego mucho a ésto porque no termino de decidir si soy lesbiana o no- paseando mi mirada por el salón e imaginándome en situaciones sexuales con diferentes invitados, hombres y mujeres. Las fantasías con las mujeres siempre son las mejores, sus curvas se me antojan sedosas y me dan ganas de acariciarlas con mis mejillas. Siempre creí que mis pechos se deslizarían con más suavidad sobre el vientre de una mujer que sobre el de un hombre.
"Estás como ida", me susurra Andy al oído, "¿Algún problema?"
"Sí", respondo, "creo que soy lesbiana."
"Ah... Lo discutimos cuando lleguemos a casa. Por ahora, ¿por qué no vas y conversás con las mujeres?"
Andy está cansado de mi lesbianismo. Piensa que como ya probé con mujeres y me quedé con los hombres, no tiene de qué preocuparse. Quiero decirle algo como: "Cada vez que grito cuando estamos cogiendo, es porque hago de cuenta que sos una mujer"; pero no es cierto, así que no digo nada
[Traducción libre de "Social Functions" de Adrienne Eisen, por Dr. Von Katze (Julio de 2005)]