n mi tranquilidad, no pretendía nada, no pretendía vivir y, sin embargo, una vez dos corazones latieron tan fuerte que provocaron que mi corazón comenzara a latir.

No pretendía respirar, pero cuando nací sentí un frío tan intenso que me obligó a tomar una gran bocanada de aire que llenó mis pulmones e hizo vibrar mi garganta, sumergiéndola en un desgarrador llanto que informaba al mundo de mi llegada.

No pretendía caminar, pero cuando me di cuenta de que mis pasos me podían llevar a lugares remotos como la cocina, el baño e incluso el patio; entonces necesité hacerlo y aún hoy sigo caminando y conociendo lugares extraños, y también he aprendido a correr para poder ampliar mis fronteras con más rapidez.

No pretendía hablar y, sin embargo, mis primeras palabras lograron que el mundo que me rodeaba entendiera lo que quería, entonces comencé a trabajar muy duro para que el mundo cada día me entendiera mejor.

No pretendía vincularme con nadie pero cuando comencé a entender que las personas llenaban un vacío que en mi existía empecé a buscar formas nuevas de conocer a la gente.

No pretendía amar a alguien y, sin embargo,... no lo pude evitar.

No pretendía lastimar a nadie pero, neciamente, por actuar por impulsos, lastime a muchos y entre ellos yo mismo.

No pretendía morir y, sin embargo, veo como cada gota que brota por mi muñeca se roba poco a poco mi vida, y ya no tengo fuerzas para moverme y ni siquiera para pedir ayuda...


En mi tranquilidad no pretendía nada. Hoy que he vuelto a mi tranquilidad pretendo todo, porque hoy en mi tranquilidad... siento miedo






     1 comentarios